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Amor propio | 03 FEB 2016
Por qué operarme la nariz fue la mejor decisión de mi vida


La exposición que los medios han dado históricamente a la cirugía plástica contribuye a que la veamos de forma tan negativa y tan tabú aún. Cuando me decidí a operarme, hace ya unos años, no pude evitar ser atacada por un sentimiento de vergüenza, como si estuviera haciendo algo malo. 

Fue entonces cuando comencé a cuestionarme por qué lo vemos como algo tan tabú cuando es, de hecho, de lo más común en nuestros días.

Según la Asociación Americana de Cirujanos Plásticos (ASPS) en 2012 más de 14 millones de personas tuvieron alguna cirugía plástica y de ellos, un enorme porcentaje fueron cirugías de nariz (rinoplastía). Sin embargo, a pesar de los 14 millones, me sentía sola con mi decisión y fue así por casi 10 años.

Tener 11 años fue para mí un punto de cambio muy importante. Ese año me mudé de Londres a Nueva York, comenzó a salirme el busto, me llegó mi periodo, me pusieron frenos en los dientes y, encima de todo, noté que había heredado la “nariz familiar”. ¡Una pesadilla! Era larga, curveada como gancho y con un montículo en el naso. Yo era pequeña de estatura y con rasgos relativamente finos, por lo que la nariz parecía un ser aparte que vivía en mi cara.

Por mucho tiempo le huía a las cámaras, pasaba horas enteras usando photoshop en mis fotos y eliminando cuando mis amigas me etiquetaban en sus fotos. Era doloroso escuchar comentarios rudos sobre mi nariz enorme, “pareces caballo”, “nariz de montaña” y demás.

Me tomó años el verdaderamente aceptar la idea de una cirugía plástica; sin embargo, cada vez que hablaba de eso con mis amigas, sus respuestas siempre eran: “así te ves bien” o “ya eres bonita”, en un afán por darme ánimos, sin entender mi situación emocional.

Entiendo y agradezco estos comentarios, pero yo realmente necesitaba alguien que me dijera “¡suena genial!”. Pero no, estamos acostumbrados a creer que la cirugía plástica es algo que sólo hacen las celebridades y una persona común como yo no tenía porque meterse en eso. Lo que los demás no entendían es que sí, en efecto, mi vida estaba bien en muchos sentidos: tenía grandes amigas, un novio, me sentía inteligente y capaz… mi inseguridad estaba realmente en mi apariencia y no en toda ella, sólo en ese rasgo específico. Lo malo es que eso tenía el poder de dominarme completamente, porque yo lo dejaba.

Seis meses antes de cumplir 21 años, fui con un cirujano plástico a consulta ¡no podía esperar más! El médico me guió en todo el proceso y me mostró un aproximado de cómo serían mis resultados, en el caso específico de mi nariz. Eran cambios sutiles, levantar un poco la punta y reducir el bulto del naso, pero eso era exactamente lo que yo quería.

El me contó que operaba cada caso de forma particular, es decir, que no usaba un molde de procedimiento sino que le daba a cada paciente el tiempo adecuado de estudio, para encontrar la forma de dejar la nariz ideal, según cada rostro. ¡Eso fue lo que me hizo decidirme operarme con él!

Mi cirugía fue a la semana después de cumplir los 21 años. La verdad es que no hay forma de suavizarlo: fue aterrador. Justo antes de entrar al quirófano, me entró una ola de pánico, quería quitarme la jeringa, saltar de la camilla y no regresar… no me di cuenta en que momento simplemente desperté ya en mi cuarto de recuperación y todo había pasado. Tras un par de días que el efecto de la morfina  comenzó a irse por completo, comencé a sentir los primeros dolores. No era un dolor punzante fuerte, sino más bien como una enorme congestión en la nariz y gran parte del rostro, ojeras marcadas, algunos moretones.

Después de la recuperación, decidí hacer pública mi operación, en parte para tener el respaldo en caso que algo saliera mal, lo cual nunca pasó. Realmente no era llamar la atención, sino un fan por querer reducir los estigmas marcados de la cirugía por elección. Además, en tiempos en los que es muy sencillo estar conectado socialmente, era una lata pensar en querer eliminar fotos viejas y crear una nueva identidad por mi nariz. De hecho, hice exactamente lo contrario. Comencé a publicar fotografías de antes y después, para así llevar a mis amigos y seguidores junto conmigo en todo el proceso.

Nunca esperé una respuesta tan positiva de todo el mundo, especialmente pensando en el tabú que sigue siendo la cirugía plástica. Recibí toneladas de mensajes en diferentes redes sociales de amigos y desconocidos, interesados en saber más. Parecía que todos se preocupaban de forma genuina por mi recuperación, por mi proceso y por mis resultados; para ellos era información valiosa y presencial, algo que no se encuentra comúnmente en las cifras de internet. Por supuesto, en un principio mis publicaciones eran un poco grotescas, con mis fotografías de la recuperación, la inflamación y los moretones, pero siempre quise manejar todo con humor, demostrando que, si bien la recuperación es una etapa incómoda, no es difícil de superar y los resultados serán mucho más satisfactorios.

Todo el mundo habla acerca de como es importante tener autonomía y poder de decisión sobre el propio cuerpo, pero no entiendo como eso creen que no compagina con el decidir también alterar algunos detalles, para lucir como uno quiere. El eco de las burlas y la vergüenza era notorio en muchos contactos que me escribían acerca de la cirugía que ellos querían hacerse. Si bien mis amigos y familiares fueron un gran apoyo, me hubiera gustado tener a alguien que pasara por lo mismo que yo, que comprendiera en carne propia lo que yo atravesaba, pero sólo estábamos yo, mi doctor y el internet. No entiendo por qué, considerando que hay 14 millones de personas con cirugía plástica, ¿por qué habría de sentirme sola?

Es muy importante que vayamos poco a poco eliminando esos estigmas y el sentimiento de vergüenza que le damos a la cirugía plástica. Ya es en sí misma una decisión tan grande y tan importante como para agregarle la presión del miedo a ser juzgado. Nadie debería avergonzarse por las decisiones que toma respecto a su cuerpo. Yo no siento vergüenza por mi nariz. El alivio de verme al espejo y amar completamente lo que veo vale todas las lágrimas y dolores que costó. Es mi cuerpo y son mis reglas.

Decidir por una cirugía plástica no es un proceso sencillo, suele tomar años de meditación antes de siquiera animarte a compartirlo con los demás, por eso considero que aunque sea algo que tú no te harías, no deberías hacerle más difícil el proceso a alguien que ya está en ese camino.

Me molesta mucho cuando la gente dice: “su nariz no es real” cuando yo puedo tocarla y verla. La forma en la que yo hablo del tema con la gente alrededor es con valor y confianza, para que vean que no me arrepiento y que no es algo tan extravagante. Mi miedo era que no me gustaran los resultados al final, pero me encantan. Tomó un poco de tiempo en verse como sería al final, después de la inflamación y la recuperación, pero hoy en día es algo que presumo abiertamente. ¿A quién no le gusta que le digan que se ve bien?

 

Ava T.

 

Publicado originalmente en:

http://www.refinery29.com/getting-a-nose-job?utm_source=facebook.com&utm_medium=beautypost&utm_campaign=repost

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